I’m not O.K. (I Promise)
Camaradas, han sido varias semanas de sequía en este espacio para la cultura y las bellas artes. Han pasado muchas cosas. Hace unos días mataron a unos mexicanos en un campamento guerrillero y al decir donde estudiaban se comenzó a culpar a la ultraderecha del país, al Yunque, al gobierno federal y al Coco de hacer una campaña de desprestigio. No cabe duda que la Virgen de Guadalupe tiene un sustituto puma en el siglo XXI. Esta semana al ver los programas que dan noticias sólo se veían las civilizadas guerras entre gente del mismo partido político y las elevadísimas discusiones ontológicas entre emos, punks y demás corrientes de la filosofía occidental. Si cambiaban de canal, encontrarían seguramente Amar te duele o La risa en vacaciones. Al parecer este espacio no fue el único sin información estos días, los medios de comunicación masiva sufrieron la misma carencia al grado de repetir hasta la náusea la misma palabra, la cual dio el tema a esta entrada.
Hace cerca de tres años esperaba los últimos días de mayo para asistir a un festival con Motörhead, Jag Panzer, Metal Church, Into Eternity y otros grandes del metal. Aquellos tiempos mis vacaciones de verano comenzaban prácticamente con semana santa. En esos meses de descanso físico e intelectual conocí a una banda con un par de videos. Parecía el hijo perdido de Robert Smith, pero la música no era para nada como The Cure. Sonaban, sin embargo, a Green Day en la etapa de American Idiot, pero talvez con menos ideas, las mismas que sólo los años dan. El pandita de pelo lacio me gritaba una y otra vez que no estaba bien. En el otro trabajo preguntaba una y otra vez qué era lo peor que podía decir y que las cosas eran mejores si se quedaba. Decidí buscar canciones de los dos discos que tenían, habían buenas. Mientras conseguía las canciones de My Chemical Romance descubrí que eran catalogados como “emos”. Supuse que eso era todo lo que escucharía con esa palabra. Ahora he leído hace poco que el señor Gerard Way, líder de la banda, afirma que el ‘movimiento’ emo es una mierda.
Al caminar por las calles se observan ejércitos de muchachitos cuyo peinado ha sido hecho por una mula. En algunos casos la luenga lengua pasó por las cabezas, lo cual también explicaría el exceso de cebo; en otros el problema estético se resolvió con una mordida y, en algunos temerarios, la mula lamió y mordió. Al ver tantos de estos especímenes que, no sólo trataban desesperadamente de llamar la atención con el exceso del estilo cuidadosamente despeinado, sino que eran prácticamente asexuados y, por el aspecto, podría decir que padecen anorexia (o son adictos a las anfetaminas). Una de las llamadas “tribus urbanas” (si algún sociólogo lee esto le agradecería mucho el que nos brindara un mejor término), otro grupo gigantesco de muchachitos que se juntan porque nadie los entiende: los emos.
Cada vez veía más y más jovencitos a cuya edad se le puede establecer una cota superior de 15 o 16 años (a pesar de todo, sigo convencido de que no hay emos mayores de edad). Luego vi aquel video de youtube sobre los emos que seguramente todos han visto (¡qué bueno que se aproveche el tiempo con el anticristo y la morsa!). Al tratar de ver si existía alguna ideología, descubrí que hay un triste esbozo de una. Afirman que sólo se dejan guiar por sus sentimientos. ¡Vaya movimiento en contra de la razón! Mas no es para promover la intuición y dejar el libre flujo del élan. ¿Qué dirían Percy Shelley y Lord Byron al ver sus ideas usadas por niños iletrados? En aquellas épocas románticas Mary inventaba a un monstruo, Stevenson hacía al suyo y ahora MTV hizo a Kudai.
Tratando de buscar alguna ideología emo no se encuentra más. Ese tipo de muchachitos se sienten incomprendidos, aunque sean miles iguales y no tengan nada más que expresar que el ya clásico “¡Ay de mí, qué infortunada suerte!” (dudo que los emos, camaradas, hayan leído Áyax de Sófocles, pero no importa). El que porten playeras de Sex Pistols, The Ramones, The Clash y demás bandas que iniciaron el punk y lo más cercano que hayan escuchado es al tipo de Pxndx (¿MXPX les suena?) gritando como niño que defeca con singular ira. No me molesta su existencia, en particular. No creo que se pueda hablar más de las raquíticas ideas que tratan de fungir como base de tanto adolescente con mucho tiempo libre.
A pesar de ser una forma de cubrir la falta de imaginación o ingenio con ropa pegada, no es un pecado contra la naturaleza humana o contra cualquier cosa. Sólo es aprovechar nuestra condena a ser libre para hacer válido el derecho a cosas que no dejen nada. Algunos ven telenovelas, otros leen a Dan Brown, algunos vemos Sony y otros son emos. Realmente carece de importancia si un ser humano se viste como afeminado sólo porque lo desea. A lo que quiero llegar es que es irrelevante ese tipo de cosas, por favor no crean que soy alguno de ésos que dice “todos somos iguales”. Hablando sobre las vagas ideas sobre las que se mueven no se pueden escribir más de unas cuantas líneas. Sin embargo, son inofensivos. No se meten con nadie. Esto lo digo por las batallitas que se llegan a dar entre emos y punks (más los llamados anti-emos). Recuerdo haber visto a un punk (según dijo) afirmando que golpeaba a los emos, porque les copiaron (sí, claro, se descubrió en investigaciones recientes que los Sex Pistols eran teloneros del Tri). Si nuestros emos mexicanos en el intento de parecerse a algún dibujo de Tim Burton nos recuerdan a las Frescas de fresa (las de Ricolino), es exclusivamente su problema.
Termino esta emocional entrada. Sé que ustedes, camaras que leen regularmente mis textos, no caen ante este tipo de cosas. No obstante, creí pertinente establecer una posición frente a esto que afecta la capital de nuestro país “en vías de desarrollo”. Al parecer se siguen importando modas para tergiversarlas y hacerlas a la Concacaf. Camaradas, espero les haya gustado la entrada. Disculpen el largo período sin subir nuevas. Buen Día.