Tuesday, October 28, 2008

Cambio

Camaradas, mientras me sigo impresionando por el alto número de visitas he decidido que mantendré por un tiempo el blog acá para mudarme poco a poco a http://elexapetatero.blogspot.com. El cambio se debe a que blog.com tarda demasiado en cargar, incluso con conexión de banda ancha del gordito monopolístico. Mientras pondré los mismos textos en ambos, pero después sólo estará el de blogspot (aunque si sigo teniendo tantas vistas, pues dejaré éste también). Como sea, como se acerca el dos de noviembre y de nuevo todo canal de televisión saca los sombreros y las caricaturas de posadas, he decidido subir un texto del señor Guillermo Sheridan sobre el tema. Disfruten.

Lo confieso: aborrezco el día de muertos. Encuentro las calaveras de azúcar tan desagradables como las humanas, ese cascajo del rostro. Como decoración son feas, como alimento son veneno y como memento mori son ineptas. Me negaría a comer “filete de occiso” o “ensalada de finado”, entonces ¿por qué pan de muerto? La flor de cempasúchil me parece horrible: es la antiflor, un margaritón obeso de color industrial. El copal me produce asco: seguramente la Coatlicue lo usaba como desodorante. Me irrita que, a nombre de una dizque tradición, por lo menos parcial, proliferen pésimos versitos; que se inscriba a los niñitos en la necrofilia; que los disfracen de autopsia; que los ingresen a la abominable secta xipe totec y que les enseñen a creer que “la vida no vale nada” (y a obrar en consecuencia).
Los altares de muerto me parecen repulsivos, como culto y como estética: demagogia metafísica, animismo baladí, oficinas de reclamación a destiempo, ganas de subirle el colesterol a un fantasma previa identificación con foto mosqueada. Encuentro ruidoso su abigarramiento de velas hediondas, sahumerios ramplones, frutas letales, tequila adulterado, fotos y flores agónicas. No son bonitos, no los encuentro conmovedores, evocadores ni mucho menos “tiernos”. Me desconcierta la esencial cobardía de suponer que los muertos sólo son recordables en fiestas tumultuarias y escenográficas. Me choca que se convoque a los muertos a que coman, beban y echen bala como partiquines del anodino drama de ser recordados.
En fin, no he coqueteado con la muerte, no tengo póster de la calavera de Posada, ni me quiero pasear con la “muerte catrina” por la Alameda, ni me refiero a ella como “la huesuda” ni la “patas de hilo”, ni me río de ella, ni me la “vacilo”, ni brindo por su salud.
En especial, me desagradan los sacerdotes del ritual: los que expropian ese rito tedioso y lo convierten en un ancla de su identidad a la deriva. El baba-cool de Coyoacán que expropia un andador de la plaza y grita que por ahí “sólo pasa Nuestra Madre la Muerte” mientras los clics de las cámaras hacen patria. El día de muertos es un invento de antropólogos, una excrecencia del Indio Fernández, un estremecimiento de Frida Kahlo. Promueve un turismo narcisista no por nuestras convicciones sino por “nuestras tradiciones”; la santificación laica de un día que, para sobrevivir, se convierte en espiritismo social; la avidez de una clase media ilustrada adicta a las “buenas ondas”. Nada le gusta más al senti-mental que apropiarse tradiciones ajenas, salvo fingir que son suyas.
La única tradición verdadera del sentimental es su obstinación en preservar tradiciones que, de serlo realmente, poco necesitarían de su fervor: un fervor —diría Cuesta— no porque vivan esas tradiciones, sino porque se preserven. Porque procurar ser ilustrada, racional, científica y sacar de la superstición al pueblo le sería una tradición más propia que la de alimentar difuntos. A fin de cuentas, se ha educado en un racionalismo que viene del XVIII mientras el día de muertos es un apartado contracultural de los sesenta. Pero, aburrido o apenado de su catolicismo, el sentimental decide que la calaca es la neta y prefiere comulgar con pan de muerto: al poner su altar no invierte una fe, práctica una nostalgia.
El gobierno mismo de la ciudad “preserva la tradición” inaugurando una nueva: con dinero del erario institucionaliza su propensión a venerar todo lo que esté difunto. Extraña que un gobierno de izquierdas (“¡Se ve, se siente, La Muerte está presente!”) entre al mercado de darle opio al pueblo. Lo hace, claro, no porque la fiesta sea religiosa, sino porque es popular. Así, lo popular vale para el gobierno aunque descanse en convicciones impropias de un gobierno (sostener que los muertos vienen a comer pancito) y, para el caso, hasta de lo popular (la muerte es nuestra amiga: muramos o matemos).
El gobierno dirá que preserva una tradición. Pero ¿es función suya hacerlo y, para el caso, elegir unas sobre otras? El fraude electoral era una tradición pero, salvo los tabasqueños, nadie quiere preservarla. El día de muertos califica en cambio porque, como nos enseñaron los extranjeros, es magic, fotografía bien y es tan auténtico que vale la pena blandirlo contra las falsas tradiciones. No extraña pues que el PRD, último guardián del nacionalismo y avatar postrero de la Revolución Mexicana, recicle una fe religiosa como una hazaña cultural. Que en su centro palpite una fascinación medieval con la muerte y que consolide el culto a la resignación y a la fa-talidad es lo de menos: con la prótesis del presupuesto, el gobierno medra con la “identidad nacional”, esa cosa que sólo existe para sentirse amenazada.
El altar gubernamental a los muertos se levanta hoy sobre esos ábacos de calaveras que exhibían los aztecas para celebrar su poder y amedrentar a quienes se resistían a sus políticas (y a sus propios rituales)… En fin, que una vez más, querido Hegel, lo que más enseña la historia es que no aprendemos de la historia. -

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Friday, October 17, 2008

“Siempre tocamos los mismos”

Camaradas, después de mucho tiempo de no escribir regreso. Es una gran sorpresa mía el notar que últimamente he tenido más visitas que cuando actualizaba esto con mayor regularidad. Espero que hayan escuchado alguno de los discos que comenté la vez pasada, si no, pues escuchen el de Paté de Fuá. Hace poco adquirí “De-Loused in the Comatorium” de The Mars Volta, un disco raro y recomendable, como sabrán, con una Coca Cola fría. 

El televisor había sido prácticamente expulsado del cuarto: la programación abierta como siempre, pura basura sensacionalista, chismerío político disfrazado de noticia o análisis y debate, películas mutiladas y dobladas por los cuatro actores de siempre, los pumas que no han hecho un partido decente desde hace tiempo, la selección mexicana pierde en Kingston y empata en Edmonton (contra dos superpotencias y siguen diciendo “Gigante de la Concacaf”, asociación en la cual el raquitismo reinante hace confundir la elefantiasis con grandeza). Sólo se mantenía adentro el aparato por la Premier League, “The Big Bang Theory” y “30 Rock”. Sin embargo, un evento que cada año llama la atención de la misma forma en que lo hace un accidente automovilístico en la carretera se iba a llevar a cabo. Un canal para chavos en el cual la coherencia con el nombre es lo menos que importa. Sí, comrades, me refiero a MTV LA.

     Ahora no sería un Palacio de los Deportes medio vacío el lugar donde se realizarían. Tampoco habría que ver dos horas seguidas a Diego Luna diciendo groserías forzadas y haciéndose el chistoso con un nacionalismo de tequila, sombrero y cactus (sí, como lo vieron en “Y tu mamá también”). Eso ya representaba una leve esperanza en los premios, la cual creció al saber que Metallica se presentaría. Sé que Metallica no es lo que algún día fue con trabajos como Ride the Lightning o …And Justice for All, mas Death Magnetic es un disco muy superior a Saint Anger. Rick Rubin ha hecho un gran trabajo después del desastre hecho por el señor Rock. También estaba anunciada Katy Perry, cantante pop que seguramente no será recordada en un par de años o en uno, pero es simpática.

     Cuando la esperanza murió, los premios seguían ahí. Salió Café Tacvba a tocar, nosecomosellameahora (el vocalista) portaba una playera con la leyenda: “Siempre tocamos los mismos” (una de las características principales de tan tristes premios). Y así fue: Café Tacvba (de los pocos buenos del rock nacional, junto con La Barranca y pocos más), Venegas, Zoe, Belanova, Ximena Lamigraña (Lafourcade Reloaded) y el Bono región cuatro: Juanes (por aquello de salvar a los huérfanos, a las ballenas y a las ballenas huérfanas). No fueron malas, pero tampoco fueron algo que pase a la historia, ni siquiera a los tabloides o vulgares programas de espectáculos (los de noticias son un subconjunto de éstos). Katy Perry lució linda, aunque su voz no fue de lo mejor. Sólo faltaron Panda (pcsndcs) y Belinda. Metallica fue, sin duda, lo mejor en las presentaciones, que, contrario a los videos en vivo recientes de Hetfield, Lars y sus cuates, sonó bien. Y en contra de estadísticos, astrólogos, sociólogos, Manlio Fabio, los momios, el bonne sense y la tradición, Molotov no tocó (afortunadamente, pues, como diría un grande: “Mi vieja mula ya no es lo que era”).

     A pesar de no contar con Diego Luna, se mantuvo el patrioterismo que muestra a lo mexicano como algo antigringo, el “¡Viva México, cabrones!” casado con el “Pinches gringos”, la perpetuación de la mediocridad  nacional y recordar con orgullo que somos un país jodido al mostrar un manejo paupérrimo del lenguaje y el traslado continuo de un estereotipo a otro. Una ideología pueril que define lo reprochable y lo encomiable a partir de la negación del extranjero, un nacionalismo, pues, a la MTV LA. En conclusión, un evento que no es más que el onanismo intelectual de los idolitos de los chavos. Un  par de horas de autocomplacencia por parte de miembros de la raza de bronce. En fin, otro año en el que México monopoliza esta ceremonia (aunque sea por vergüenza que compartan la paternindad del monstruo con algún otro país).

Camaradas, termino así esta entrada. Prometo que la próxima no será tan frívola, bajo el riesgo de escribir basura pretenciosa (alguna vez escuché el término y me gustó) y trataré de evitar tantos lugares comunes. Mientras les recomiendo el Arrancacorazones de Boris Vian, un libro raro que garantiza horas de diversión. Se disfruta más con una Coca Cola bien fría. Buen día.


Posted by exapetatero at 07:24:48 | Permalink | Comments (3)