Monday, February 25, 2008

The Number of the Beast

Camaradas, al comenzar esta nueva entrada un lunes por la mañana escucho varias noticias llamativas. Agresiones a líderes de partidos políticos por los militantes del mismo; el uso de un oxímoron que es posiblemente el más estúpido desde Revolucionario Institucional, ya que no sólo es contradictorio, también es un pleonasmo: el “paro patriótico nacional” (sic). Yo creía que suficiente con que en este país el machismo y la barbarie fueran tolerados por ser usos y costumbres, además de considerar la ineficiencia, el rezago y la dilapidación de recursos no renovables como parte de la identidad nacional. Ahora se considera patriótico detener y estorbar las actividades económicas y las vías de comunicación para seguirle el juego a un tipo a quien poco le falta para asegurar que Juárez le habla. Discursos dignos de cualquier sociedad de himenópteros (merci Bergson). Por otro lado, recibí otra mala noticia; Ellen Page no ganó el OSCAR por su actuación en Juno, ni ganó ésta por mejor película. Más aún, Enchanted no ganó mejor canción y Amy Adams estaba sumamente nerviosa al interpretar Happy Working Song y That’s how she knows no fue, desgraciadamente, cantada por ella. Comrades, les dejo esto.

Se apagaron las luces y a lo lejos se escuchaba una voz femenina cantando algo que no sonaba muy parecido al metal. Pregunté de quién se trataba y me contestaron “No pus es Lauren Harris, la hija del bajista”. Una vez aclarada mi duda me dispuse a escuchar a la señorita, aunque las mentadas de madre que le dirigían no me dejaba hacerlo de manera adecuada. No era mala, pero tampoco una maravilla. Fueron pocos minutos y pocas canciones, las cuales se parecían mucho entre sí, los que ocupó Mrs. Harris para su presentación como telonera de la Doncella. Al terminar su acto, pasaron cerca de veinte minutos para que las luces volvieran a apagarse.

     Todo estaba oscuro y las pantallas mostraban aviones, ataques y Winston Churchill invitaba a no rendirse. Fue entonces cuando comenzó todo con “Aces High” y la legendaria banda inglesa comenzó a tocar frente a Eddie (fuente de inspiración para la gran mayoría de las portadas de Gamma Ray). Siguió Two Minutes to Midnight mostrando que el señor Dickinson todavía canta y brinca. El público estaba simplemente eufórico y se entonaban piezas que, junto con el trabajo de Judas Priest, Motörhead y antes Black Sabath y hasta Deep Purple, formaron ese género de la música popular que es de los pocos que exigen algún tipo de dedicación: el metal. 

     Poco después con Revelations la gente levantaba el puño y coreaba la canción. Una pieza del metal que da deseos de brincar y asentir con la cabeza: Revelations. Inmediatamente después, el escenario cambió. Ya no se veía una esfinge con la cara del nunca bien ponderado Eddie. Ahora, detrás de los británicos estaba nuestro zombie favorito vestido como soldado de la armada inglesa. Y sonó, entonces, uno de los himnos de la doncella, aquél que varios hemos traído como tono en el celular y cuando un grupo le hace cover la gente grita con gran emoción “Ooooooooooh!”: The Trooper!

    Pasaron los años desperdiciados y una grave voz nos hablaba sobre un número, el cuál es uno humano, el seiscientos sesenta y seis. ¿Qué es lo que vi? ¿Podía creer que lo que había visto esa noche era verdad y no fantasía?…Porque en mis sueños siempre está el rostro maligno que tuerce mi mente y me lleva a la desesperación. Continuó Dickinson (Bruce, no Emily) cantando, las guitarras y el bajo enseñaban cómo hacer una pieza convertida ya en clásico del rock al momento que el Foro Sol totalmente lleno gritaba: “666 the Number of the Beast, 666 the one for you and me”. No veía un grito masivo tan impresionante desde Judas Priest, hace un par de años. Luego, noté que tenía el poder, tenía la fuerza para hacer que mi maldad tomara su curso.

    Una vez que hicimos matemáticas diabólicas huímos hacia las colinas entonando la rima del marinero anciano. Al terminar, preguntamos por qué debíamos de ser esclavos del poder. El poder de una buena guitarra distorsionada hacía sentir a todos los presentes que siempre el paraíso podía esperar. El bajo que, contrario a muchas bandas legendarias de este género, no pasa desapercibido llevaba a los extasiados asistentes a hacerse dudas (no metódicas al estilo cartesiano), al punto de exponer el problema en una simple pregunta ¿Puedo jugar con la locura? Al pasar el momento dubitativo llegó mi corte favorito de la doncella: El miedo a la oscuridad. La dama se retiraba con su propio tema: IRON MAIDEN.

     Se despidió el grupo de ingleses que después de siete años de no venir a México; regresó, vendió y tuvo que ser cambiado de sede por el exceso de demanda existente. Algunos jaloneos de pelo, los tradicionales empujones, los finísimos comentarios a cualquier chica que se sube en los hombros de algún mozo para ver mejor y el nuevo, divertido y bobo “EL QUE NO BRINQUE ES EMO”. A pesar de la edad avanzada de los intérpretes, el evento fue una clara muestra de que el metal sigue vivo. Citando a otro de los señores de juventud acumulada más importantes para este género: “For those about to rock, we salute you!”

Camaradas, concluyo esta entrada dedicada a la doncella de hierro. Agradezco a Shah of Blah y al Anónimo quienes han dejado apreciables comentarios en el post pasado. Interesante el punto de vista de Anónimo y la observación de Shah es algo curioso de lo que no me había percatado. He retrasado la publicación de este texto por motivos escolares. Desgraciadamente, no hubo tamalada el jueves por problemas técnicos. Pero todo el fin de semana habrá transmisión por http://www.asiaticamarket.com/asiaticaradio.html.

Posted by exapetatero at 14:45:32 | Permalink | No Comments »