“Justine” ou “Les Malheurs de Groupe Éditoriale Tomo” I
“Le chef-d’oeuvre de la philosophie serait de développer les moyens dont la Providence se sert pour parvenir aux fins qu’elle se propose sur l’homme, et de tracer, d’après cela, quelques plans de conduite qui puissent faire connaître à ce malheureux individu bipède, la manière dont il faut qu’il marche dans la carrière epineuse de la vie, afin de prévenir les caprices bizarres de cette fatalité à laquelle on donne vingt noms différents, sans être encore parvenu ni la connaître, ni à la définir”.
Donatien Alphonse François
“Les Malheurs de la Vertu”
Eran los primeros días en la universidad, aquéllos en los que se respira pesadamente la confianza de los que acabábamos de entrar. Esos momentos en los que sólo se conoce a aquéllos que vienen del mismo lugar y la gente nueva inunda el paisaje. Algunos se muestran mucho más amables y sociables de lo que realmente son, otros elevamos la hostilidad a niveles que nos molestan a nosotros mismos. En estos tiempos se escuchan pláticas sobre las clases, el “Oye, güe, es que yo estudio eco, güe” y algunos pretenciosos hablamos de todo lo que leímos en el verano.
Como casi siempre, al mencionar libros favoritos hablo de Donatien. Lo había leído un par de años antes en una editorial que debería ser cerrada por secuestro, mutilación y acoso a la literatura y a la filosofía: Grupo Editorial Tomo (los del metro). Mientras trataba de describir los textos de Alphonse, sin detallar cómo cada veinte páginas se quema incienso en el altar de Venus, soy interrumpido para interrogarme si había conocido a Bukowski. Me intrigó tal “escritor”, pues poco tiempo antes otro “ser ahí” me lo había recomendado.
Decidí un día después de la escuela ir a una librería. Al llegar me preguntan qué es lo que busco y contesto “Vine al Sótano porque me dijeron que acá vendían a un escritor, un tal Charles Bukowski”. Llego y compro “El hijo de Satanás”, una pequeña colección de cuentos cortos. En la contraportada se puede leer “Charles Bukowksi ofrece la llave para abrir las secretas puertas del infierno”. Comienzo con el texto esperando encontrar lo prometido y algún tipo de justificación para ello. Hay cuentos realmente divertidos, pero nada más. No hay sofismas o razonamientos que aclaren la conducta de los personajes.
Aproximadamente año y medio después, mientras decidía qué comprar para pasar las vacaciones pensé que sería buena idea darle una segunda oportunidad a Charles. Además, un año antes había descubierto que en Navidad Sartre y Kropotkin resultan un poquito abrumadores. Entonces, esta vez había escogido a Kropotkin y a Bukowski. Mientras buscaba la “La Historia de la Revolución Francesa” de mi amigo anarquista encontré entre los libros de Cátedra al buen Donatien. Evidentemente, adquirí a Alphonse en lugar de Bukowski, a pesar de haber leído ya el libro. Desgraciadamente no tengo conmigo la edición del metro para que puedan apreciar el abismo entre la primera que adquirí y la última que leí.
Donatien Alphonse François de Sade es un escritor que va mucho más allá de las explosiones de amor y demás fluidos corporales. Es más que un libertino prosaico cuyas torturas son tan impactantes que han dado origen a una nueva palabra (como es obvia no la diré). En “Justine”, Sade presenta a una joven cuya virtud es sólo comparable con su belleza, quien va contando los sufrimientos causados por su amor a Cristo y a su palabra. Superficialmente se podría decir que Justine es una especie de versión porno del “Lazarillo de Tormes”.
Donatien dirige el texto a una amante suya, Marie-Constance Renelle, y en la dedicatoria Sade establece el objetivo de su novela (“aunque no tan novela como se podría llegar a creer”) :
En una palabra: arriesgarse a describir las escenas más atrevidas y las situaciones más extraoridnarias, a exponer las afirmaciones más aterradoras y a dar las pinceladas más enérgicas, con la única intención de obtener de todo ello una de las más sublimes lecciones de moral que se hayan ofrecido al hombre, era -y todo el mundo estará de acuerdo conmigo- llegar al objetivo por una ruta poco frecuentada.
Sade quiere enseñar la virtud mostrando al vicio de la forma más repugnante que se pudiera imaginar “…jamás pintaré al crimen con otros colores que los del infierno. Quiero que lo vean desnudo, que lo detesten…” (Idée sur les Romans). La novela, sin embargo, parece a veces una hermosa apología del vicio desarrollada sobre una prosa divertida y envidiable que es adornada con los más graciosos y creativos eufemismos. Pero, como más adelante diré, el sistema en el que se basa es, en su mayoría, un conjunto de sofismas, cumpliendo así Donatien con su objetivo. El anticlericalismo, por otra parte, es una gran crítica a la religión y sus representantes; además, se deben recordar los revolucionarios tiempos en los que Sade hizo su obra.