Thursday, January 24, 2008

Cuento Proletario II

Camaradas, durante una tarde llena de viento y apagones subo esta nueva entrada. Espero se reestablezca el sumistro de energía en sus pueblos pronto y puedan leer ya estas líneas mientras “L’internationale” está en nuestras mentes, puños y i-tunes. Disfruten de la segunda parte del gran cuento que ha hecho el señor Guillermo Sheridan. Por cierto, les recomiendo “El engarguito”, que es una recopilación de textos del escritor.

Cuento proletario (Parte II)
     —¡Pues la hamburguesa MacDo me pareció dégueu-lasse!
     — Claro que es horrible: es comida de proletarios pobres y vulgares. Pero más dégueulasse es que los izquierdistas como tú odien al McDonald’s por ser yanqui, en vez de respetarlo por ser proletario.
     — ¡No estuvimos sentados ni veinte minutos!
     — Hay otros camaradas esperando su ración. Además, tenemos cosas que hacer. Mientras la izquierda burguesa hace sobremesas, los proletarios liberamos países para la nueva Internacional.
     — ¡Y sin vino!
     — Nosotros tenemos cinco papilas gustativas. Están adiestradas para reconocer coca-cola, papas, carne, pan y ese triunfo supremo de nuestro discurso culinario: la salsa de tomate ketchup.
     — De la merde synthétique!
     — ¿Qué tienes contra lo sintético? ¿Otro prejuicio izquierdista? ¡Dadme plásticos, llenadme de styrofoams, colmadme de nylons! ¡Ya no el triunfo del proletario sobre la naturaleza, sino su suplantación! Deberías releer a Hegel. Su desdén a la naturaleza y la apología del artificio y la técnica que el proletariado internacional de hoy lleva al extremo.
     — Ya. Ça suffit, d’accord. Y ahora… ¿vamos al cine? Hay una película nueva de Zbigniew Kryzkhwlyzky, Angoisses de minuit que…
     — Prefiero la tele. Y en media hora comienza mi programa preferido: Alerte à Malibu.
     — Non! Pas ça! Alerte à Malibu!
     — ¿Cómo puedes despreciar así el programa más visto de la historia en todo el mundo? Billones de proletarios no podemos equivocarnos. Al día siguiente de que liberamos Bagdad, las antenas parabólicas se vendían como pan caliente para ver Baywatch, antes prohibido por Saddam y los imames. Los zapatistas en Chiapas ven Guardianes de la bahía. El filósofo alemán ve Die Rettungsschwimmer von Malibu. El pescador andaluz no se pierde Vigilantes de la playa. Y el pastor de Zambia, y el metalúrgico de Milán y…
     — ¡Enajenación y cursilería!
     — Ejemplo de solidaridad proletaria. Si un camarada come demasiadas MacDo y se mete al mar, puede hacerlo en la confianza de que en caso de sobrevenir el calambre será sacado del agua por los servicios del Estado con su moderno equipo y después será tenazmente revivido por una brigadista popular de tetas formidables.
     — ¡Más falsas que el ketchup!
     — ¿Y no soñó el socialismo clásico con liberar a las mujeres de la opresión de la ropa interior? Baywatch es un reconcentrado de ética marxista-leninista: fomenta el respeto a las leyes; castiga a los ambiciosos; corrige a los elementos antisociales; educa a las masas en el desprecio al mal; enseña a los niñitos pioneros a no tirar basura y a obedecer a sus padres y maestros; fomenta la higiene corporal y el ejercicio; destaca el respeto a los ecosistemas; subraya la importancia de la técnica al servicio del proletariado; exalta los valores del trabajo y el servicio a los demás; enseña a dar la vida por un camarada en problemas; enseña corrección política y a tolerar las diferencias culturales, raciales y sexuales. ¡Realismo en la forma, socialismo en el fondo! Si Gorki viviera, estaría escribiendo guiones para Baywatch.
     — Gorki jamás habría engañado a…
    — Baywatch no engaña a nadie. La cultura proletaria no engaña a nadie por el simple hecho de ser proletaria: la clase que detenta la verdad final. Es un hecho que al proletariado nos gustan las camaradas tetonas, las explosiones y la moral simple. Claro que dirás que Baywatch creó un mercado para un producto falso. Yo digo que interpretó adecuadamente los deseos verdaderos del pueblo. Cuando ustedes dicen que la mercadotecnia crea la falsa necesidad de un producto y manipula a los consumidores, desprecian la capacidad del pueblo para saber qué quiere y cómo lo quiere. Es un hecho que cuando el producto no contiene verdad popular, fracasa. El éxito de las tetonas salvavidas, las máquinas eficientes y los forzudos sudorosos corriendo al atardecer demuestra que el producto es verdadero, expresión auténtica de los valores eternos del alma humana, como La Divina Comedia o El Quijote.
     — ¡No seas irrespetuoso!
     — Es más: el Quijote mismo es un guardián de la bahía. ¿Y Ulises y Kafka? ¿Tú crees que el joven Werther se suicida si le da respiración de boca a boca una guardiana de la bahía? El Quijote quiere salvar a quien se está ahogando, aun si le va la vida en ello, sólo que en lugar de calzones lleva armadura y en lugar de bote con motor fuera de borda lleva jamelgo y en lugar de abdominales tiene huesos. Si la alcaldía de La Mancha tuviera dinero —y playa, claro— el Quijote estaría ahí, poniéndole a todo mundo el aparato para desaletargar corazones.
     — Zut alors! Estoy harto de tus estupideces. Vete a ver tu Baywatch. Yo iré a Angoisses de…
     — Comprendo tu ira. El poderío de los Estados Unidos apresura el triunfo de la utopía: la estupidez que tememos, pero deseamos. Un mundo de dicha perpetua en una playa sexy.
     — Un mundo de protoplasmas felices en un paisaje de florecitas, como al final de La máquina del tiempo de H.G. Wells. La sociedad soma de Huxley en Un mundo feliz
     — Prefiero Disneylandia.
     — Mais oui~

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Sunday, January 20, 2008

Cuento Proletario

Camaradas, me han llegado quejas sobre las dos entradas pasadas. Algunas por citar en francés y no poner la traducción y otras por hablar del libro que han dejado mucho tiempo en el olvido y, por lo tanto, no lo han terminado. Así que ya no habrá más “Justine”. Hoy publico un texto escrito por el señor Guillermo Sheridan y es la primera parte del “Cuento proletario”. Que se diviertan. Buen día.

Cuento proletario I

 

If California triumphs, there will
     be no need of proof readers…

George Steiner

 

     —Me dicen que hay un nuevo restaurant por l’Etoile donde hay unas pituitarias de jabalí à la Rabelais que…
     — Nada de eso. Hoy comemos en el MacDo.
     — ¿Quoi? ¿En el McDonald’s?
     — El de Champs Elysées. El restaurant más visitado del mundo.
     — Tu rigoles!
     — No, no bromeo.
     — ¡Pero si somos comunistas!
     — Por eso.
     — ¡Pero… les americains!
     — Hoy más que nunca, los comunistas debemos comer en el MacDo.
     — ¿Por qué?
     — Porque ganamos y hay que celebrarlo.
     — ¿Ganamos? ¿Qué? ¿Quiénes?
     — Ganamos la guerra. Nosotros los proletarios. Según la dialéctica marxista, nadie más puede ganar. Las pituitarias de jabalí son caras, cursis, decadentes. La MacDo es barata, humilde y energética. Como nosotros. Tu prejuicio burgués contra la comida proletaria me parece lamentable. Pan, carne y papas: ¡lo que Lenin prometió a la mesa del obrero!
     — Sí, pero… ¡MacDo! El imperialismo más…
     — ¿Imperialista, dices? Antes se llamaba internacionalismo... ¡Qué tiempos aquellos! Oponerse a la globalización es tan reaccionario… ¡Se supone que la consigna proletaria era uníos!
     — Sí, claro, como en Texas hay granjas colectivas…
     — Los EUA demostraron que la propiedad no tiene que ser monopolio del Estado para beneficiar al proletario. Que más vale un kulak eficiente que cien kolkosz improductivos y mil burócratas ineptos. Por eso la URSS fracasó y ellos no.
     — Pero ¡el Estado americain existe! ¡El aparato político-militar-industrial!
     — Claro que existe. Se llama Comité Central, compañero. ¿Cuándo viste un partido comunista sin comité central?
     — No puedo creer lo que oigo… ¡Los EUA son EL capitalismo!
     — No encuentro en los EUA nada, en el fondo, esencialmente incompatible con Marx: un Estado con una nomenklatura eficiente que controla a un proletariado dedicado a trabajar, a engordar (mucho) y a cultivarse en el ocio.
     — Un ocio de salvajes, ignorantes, unos cromañones vulgares…
     — Tus calificativos son típicos de un burgués ofendido por el proletariado. Yo creo que los EUA dominan al mundo porque Marx, como siempre, tuvo razón: una vez liberado, el proletariado americano desató su potencia creadora y provocó una reacción en cadena entre los proletarios de todo el mundo. Y sus compañeros de clase quieren sumárseles tout de suite. Son los intelectuales revisionistas, pequeñoburgueses y nacionalistas como tú los que odian a los EUA. El proletariado del mundo los adora: llena sus cines, baila sus bailes, los imita en todo. Y el proletariado no se equivoca nunca.
     — ¡Pero los EUA están sojuzgando al mundo!
     — Claro. Su modelo es popular y, por lo mismo, irresistible. Tu error consiste en no darte cuenta de que es un modelo que surge de una clase, no de una nacionalidad. Deberíamos estar orgullosos de que los miserables emigrantes hayan creado el jazz, los viajes a la luna, Nueva York, el Wonder Bra, la MacDo y el cine realista-socialista de Bgus Güilís.
     — ¡Son un asco!
     — Sí: un asco proletario. Típico odio a los EUA: la única minoría que se puede odiar sin culpa. Si fueran verdes, sería el único racismo sin reconvención. El desprecio político a su democracia, el ético a su poderío militar, el intelectual a su cultura media, el social a su mal gusto y el culinario a la MacDo no es desprecio a un país, sino a la clase social en que las utopías depositaron todas sus esperanzas. Los odias porque hasta ahí llegaron las utopías sociales por las que luchamos. ¡Bueno, pues resulta que la utopía era vulgar! No les perdonas haber convertido en virtudes los defectos de la naturaleza humana. Ni haber mostrado que los ideales de igualdad y libertad generaron una pesadilla. El Hombre al que Marx le ofreció “ser todo lo que quieras ser”, resultó un gordo de camisa rosa que quiere ir a Las Vegas. ¡Liberamos a Prometeo y dentro de él estaba Mickey Mouse!
     — ¡Quel horreur!
     — Un horror del Hombre, no de los EUA. Mientras nosotros teorizábamos sobre el proletariado, ellos llamaron a “los pobres, los hambrientos, las masas deseosas de respirar en libertad…”, los acogieron, les dieron trabajo, libre albedrío, los hicieron ambiciosos, se les dio la responsabilidad de elegir y eligieron…
     — Eligieron matar indios, tirar gobiernos, invadir Iraq…
     — Claro. El proletariado quiere dejar de serlo, lo más rápidamente posible, y engordar. Eso lo define. Lo mismo que la ambición de poder, el gusto de los negocios, el amor a las explosiones, al dinero y a las máquinas. Cuando el proletariado se lanza, no lo para nadie.
     — Ecoute, yo no puedo entrar, yo tengo un prestigio…
     — Pues yo sí. ¡Mira el McDonald’s más grande del mundo! ¡En París! Esto sí es revolución, no guillotinar capetos.
     —
Oh, mon Dieu…
     — Grasa y fécula y proteína proletaria. Entra al único paraíso posible de la clase obrera. ~

Posted by exapetatero at 16:15:31 | Permalink | No Comments »