Sunday, January 20, 2008

Cuento Proletario

Camaradas, me han llegado quejas sobre las dos entradas pasadas. Algunas por citar en francés y no poner la traducción y otras por hablar del libro que han dejado mucho tiempo en el olvido y, por lo tanto, no lo han terminado. Así que ya no habrá más “Justine”. Hoy publico un texto escrito por el señor Guillermo Sheridan y es la primera parte del “Cuento proletario”. Que se diviertan. Buen día.

Cuento proletario I

 

If California triumphs, there will
     be no need of proof readers…

George Steiner

 

     —Me dicen que hay un nuevo restaurant por l’Etoile donde hay unas pituitarias de jabalí à la Rabelais que…
     — Nada de eso. Hoy comemos en el MacDo.
     — ¿Quoi? ¿En el McDonald’s?
     — El de Champs Elysées. El restaurant más visitado del mundo.
     — Tu rigoles!
     — No, no bromeo.
     — ¡Pero si somos comunistas!
     — Por eso.
     — ¡Pero… les americains!
     — Hoy más que nunca, los comunistas debemos comer en el MacDo.
     — ¿Por qué?
     — Porque ganamos y hay que celebrarlo.
     — ¿Ganamos? ¿Qué? ¿Quiénes?
     — Ganamos la guerra. Nosotros los proletarios. Según la dialéctica marxista, nadie más puede ganar. Las pituitarias de jabalí son caras, cursis, decadentes. La MacDo es barata, humilde y energética. Como nosotros. Tu prejuicio burgués contra la comida proletaria me parece lamentable. Pan, carne y papas: ¡lo que Lenin prometió a la mesa del obrero!
     — Sí, pero… ¡MacDo! El imperialismo más…
     — ¿Imperialista, dices? Antes se llamaba internacionalismo... ¡Qué tiempos aquellos! Oponerse a la globalización es tan reaccionario… ¡Se supone que la consigna proletaria era uníos!
     — Sí, claro, como en Texas hay granjas colectivas…
     — Los EUA demostraron que la propiedad no tiene que ser monopolio del Estado para beneficiar al proletario. Que más vale un kulak eficiente que cien kolkosz improductivos y mil burócratas ineptos. Por eso la URSS fracasó y ellos no.
     — Pero ¡el Estado americain existe! ¡El aparato político-militar-industrial!
     — Claro que existe. Se llama Comité Central, compañero. ¿Cuándo viste un partido comunista sin comité central?
     — No puedo creer lo que oigo… ¡Los EUA son EL capitalismo!
     — No encuentro en los EUA nada, en el fondo, esencialmente incompatible con Marx: un Estado con una nomenklatura eficiente que controla a un proletariado dedicado a trabajar, a engordar (mucho) y a cultivarse en el ocio.
     — Un ocio de salvajes, ignorantes, unos cromañones vulgares…
     — Tus calificativos son típicos de un burgués ofendido por el proletariado. Yo creo que los EUA dominan al mundo porque Marx, como siempre, tuvo razón: una vez liberado, el proletariado americano desató su potencia creadora y provocó una reacción en cadena entre los proletarios de todo el mundo. Y sus compañeros de clase quieren sumárseles tout de suite. Son los intelectuales revisionistas, pequeñoburgueses y nacionalistas como tú los que odian a los EUA. El proletariado del mundo los adora: llena sus cines, baila sus bailes, los imita en todo. Y el proletariado no se equivoca nunca.
     — ¡Pero los EUA están sojuzgando al mundo!
     — Claro. Su modelo es popular y, por lo mismo, irresistible. Tu error consiste en no darte cuenta de que es un modelo que surge de una clase, no de una nacionalidad. Deberíamos estar orgullosos de que los miserables emigrantes hayan creado el jazz, los viajes a la luna, Nueva York, el Wonder Bra, la MacDo y el cine realista-socialista de Bgus Güilís.
     — ¡Son un asco!
     — Sí: un asco proletario. Típico odio a los EUA: la única minoría que se puede odiar sin culpa. Si fueran verdes, sería el único racismo sin reconvención. El desprecio político a su democracia, el ético a su poderío militar, el intelectual a su cultura media, el social a su mal gusto y el culinario a la MacDo no es desprecio a un país, sino a la clase social en que las utopías depositaron todas sus esperanzas. Los odias porque hasta ahí llegaron las utopías sociales por las que luchamos. ¡Bueno, pues resulta que la utopía era vulgar! No les perdonas haber convertido en virtudes los defectos de la naturaleza humana. Ni haber mostrado que los ideales de igualdad y libertad generaron una pesadilla. El Hombre al que Marx le ofreció “ser todo lo que quieras ser”, resultó un gordo de camisa rosa que quiere ir a Las Vegas. ¡Liberamos a Prometeo y dentro de él estaba Mickey Mouse!
     — ¡Quel horreur!
     — Un horror del Hombre, no de los EUA. Mientras nosotros teorizábamos sobre el proletariado, ellos llamaron a “los pobres, los hambrientos, las masas deseosas de respirar en libertad…”, los acogieron, les dieron trabajo, libre albedrío, los hicieron ambiciosos, se les dio la responsabilidad de elegir y eligieron…
     — Eligieron matar indios, tirar gobiernos, invadir Iraq…
     — Claro. El proletariado quiere dejar de serlo, lo más rápidamente posible, y engordar. Eso lo define. Lo mismo que la ambición de poder, el gusto de los negocios, el amor a las explosiones, al dinero y a las máquinas. Cuando el proletariado se lanza, no lo para nadie.
     — Ecoute, yo no puedo entrar, yo tengo un prestigio…
     — Pues yo sí. ¡Mira el McDonald’s más grande del mundo! ¡En París! Esto sí es revolución, no guillotinar capetos.
     —
Oh, mon Dieu…
     — Grasa y fécula y proteína proletaria. Entra al único paraíso posible de la clase obrera. ~

Posted by exapetatero at 16:15:31 | Permalink | No Comments »

Thursday, January 17, 2008

“Justine” ou “Les Malheurs de Groupe Éditoriale Tomo” II

Hey, camaradas, reciban esta segunda entrada sobre nuestro amigo Donatien. Espero les guste, originalmente iba a ser más largo. Pero preferí partirlo en dos, así que el siguiente será la tercera parte de “Los infortunios de Grupo Editorial Tomo”. Buen día.

“Justine” comienza con la descripción de la condesa de Lorsange, una hermosa libertina, y la forma en que ésta ha hecho su fortuna: engañando y utilizando su cuerpo. En su camino a la riqueza, se cuenta que ha quebrado a varios hombres entre los cuáles habían soldados, sacerdotes, nobles. Un día llega frente a ella una desgraciada condenada a muerte. La condesa deseaba escuchar la historia de la pobre, quien habla de sus infortunios que comenzaron con la muerte de sus padres. De cómo dejó de ser apreciada en cuanto el dinero se fue y de cómo su virtud la llevó al cadalso. La joven Justine va de un lado a otro huyendo de grandes torturas sólo para llegar a unas más atroces. Tormentos que van desde simples jalones de ropa hasta las fauces de hambrientos perros en medio de un bosque. Sin embargo, no me detendré tanto en las agresiones que sufre la heroína de nuestro educado marqués, las cuáles hacen ver al señor Bukowski como un osito cariñosito. Lo que realmente importa es el sistema que establece Sade a través de sus personajes para justificar todo tipo de vicio y cómo muestra a la virtud como una carga innecesaria que ofende a la misma naturaleza.


     Sade aborda varios temas en la novela. Contrario a la edición del metro, Donatien no se dedica a describir las más crueles torturas de una forma tan vulgar que haría ver a Charlie Monttana como Bécquer. La moral es, sin duda, el tema sobre el que la obra gira. De aquí puede tocar otros como la religión, cuyo nexo es obvio, el estado, la familia. Son “Corazón de Hierro”, el conde de Bressac, el Doctor Rodin y el Padre Clemente los hijos que engendra Sade para decirnos las razones por las cuales existen los infortunios de la virtud. El resto de los personajes son, mayormente, víctimas (Octavia, Onfalia, la tía del Conde, etc) o más libertinos (Padre Antonino, Padre Severino, du Harpin, Dubois, etc).


Coeur-de-fer

No es el primer hombre en maltratar a nuestra heroína. Sin embargo, es el primero en exponer las causas de las injurias. El corpulento delincuente centra su discurso en el egoísmo del ser humano. Parece ser, al menos, coherente. Sade basa gran parte de los argumentos, generalmente, en la naturaleza, justo como hacían los filósofos de la época y los más influyentes de esos momentos (como Rousseau). “Corazón de Hierro” afirma que el egoísmo es la fuerza motriz del mundo; no el amor, como siglos después afirmarían Gandhi y las Chicas Superpoderosas.


     Cuando la pobre virtuosa Justine afirma que incluso en su grupo delincuente la virtud es importante, pues de lo contrario cualquiera podría apuñalar a los compañeros y huír con lo obtenido. La respuesta de “Corazón de Hierro” es digna de cualquier homo-economicus: “no es la virtud lo que mantiene nuestras asociaciones criminales, sino el interés y el egoísmo”. Parecería un argumento razonable, lo malo es que se basa en un tipo de esencia inmutable en el ser humano. Aquí nuestro marqués expone la gran falacia del villano pues en una mismo diálogo pone a un ser cuya máxima es la esencia egoísta frente a Justine con una inmensa bondad, que a veces raya en la estupidez. Como sabemos, para justificar algún tipo de esencia las muestras representativas no bastan.


     Desde el egoísmo somos llevados, naturalmente, al estado. El pacto social, tema que atrajo a las mentes a partir del Leviathan, es el segundo ataque en los sofismas del bandido. “Corazón de Hierro” critica al supuesto pacto por considerarlo injusto desde un inicio. Como recordamos, éste consistía en ceder ciertos derechos para poder tener seguridad, propiedad y demás, dependiendo del autor de su preferencia. Pero uno se podría preguntar qué podrían ceder aquéllos que no tienen más que su vida. De ahí que no acepten el supuesto acuerdo. Además, por muy burdo que suene, nadie le preguntó a Sade si aceptaba tal pacto. Las palabras de “Corazón de Hierro” al describir aquéllo de lo que nos libraban las leyes recuerdan demasiado a las de Thomas Hobbes (vean el Leviathan). La gran diferencia es que el torturador de la bella Justine prefiere el estado de guerra, pues dentro de las leyes el débil está condenado a serlo por siempre y al romperlo podría deshacerse de la innoble condición.


Conde de Bressac

Los razonamientos de un noble tan singular como el que lo creó tienen dos puntos fundamentales. El primero que trataré es una falacia que aún hoy es bastante usada, incluso es parodiada en The Fifth Element (es la forma en que Zorg le justifica al padre sus acciones). El segundo es lo que consideraría “l’une des plus sublimes leçons que l’homme ait encore reçue”.No es, evidentemente, la exhaltación de la virtud que, por cerca de tres cientos de páginas es ridiculizada de la forma más cruel que un humano pueda pensar.

La primera y más hermosa cualidad de la naturaleza es el movimiento que la agita sin cesar, pero ese movimiento no es más que una serie de crímenes,y sólo se mantiene gracias a ellos…”


Así comienza el conde de Bressac a justificar sus crímenes. Al acercarme a este discurso no pude evitar acordarme de la que posiblemente sea la falacia económica más conocida: “La ventana rota” por Frédéric Bastiat. Al leerla el nexo entre un pensamiento y otro es evidente. Pero si carecen de tiempo para leerla les diré que la idea es la misma. La destrucción genera más beneficio que la construcción, pues la segunda es sólo una consecuencia del movimiento generado por la primera. En un lado es crimen y en el otro es un niño, una ventana y una piedra. No alargaré más este punto, pues resaltar esto que es tan evidente sería una ofensa al intelecto de los lectores.


C’est le seul orgueil de l’homme qui érigea le meurtre en crime”.


Tenemos frente a nosotros una de las sentencias que mejor expresan el carácter accidental de la vida humana. Es una necedad seguir empeñados en probar la necesidad de la especie humana, cuando lo más cercano a elemento inmutable que tiene es la contingencia inherente a nuestra existencia. No pretendo caer en los excesos sádicos, en los cuáles el homicidio mismo está permitido si el fin perseguido es el placer. Antes del conde de Bressac, “Corazón de Hierro” había dicho a Justine que olvidara todas las falacias cristianas que dirigían su vida, porque no somos más que “ínfimas porciones de materia” y al morir sólo regresaremos a la naturaleza para salir de nuevo en otra forma. 

     Ya son más de dos siglos los que nos separan de esta obra y resulta increíble que grandes revoluciones sociales e intelectuales no hayan sido suficientes para olvidar. No fueron suficientes las enseñanzas de Hume, el utilitarismo de Mill. O si no aprecian la lucidez en John Stuart, pasaron desapercibidas las quejas viscerales de Marx, la prosa incendiaria y seductora de Kropotkin, los razonamientos de Bakunin. No bastaron las vidas, seguimos ahogados en creencias primitivas como la esencia humana y pretensiones infantiles como el amor.

Posted by exapetatero at 04:56:36 | Permalink | No Comments »

Saturday, January 12, 2008

“Justine” ou “Les Malheurs de Groupe Éditoriale Tomo” I

La primera entrada del 2008 que no trata del 2007. Espero les guste, ésta me agradó más que las anteriores. Las citas en español son de la edición de cátedra y las francesas de Livre de Poche. 

Le chef-d’oeuvre de la philosophie serait de développer les moyens dont la Providence se sert pour parvenir aux fins qu’elle se propose sur l’homme, et de tracer, d’après cela, quelques plans de conduite qui puissent faire connaître à ce malheureux individu bipède, la manière dont il faut qu’il marche dans la carrière epineuse de la vie, afin de prévenir les caprices bizarres de cette fatalité à laquelle on donne vingt noms différents, sans être encore parvenu ni la connaître, ni à la définir”.

Donatien Alphonse François

Les Malheurs de la Vertu”


Eran los primeros días en la universidad, aquéllos en los que se respira pesadamente la confianza de los que acabábamos de entrar. Esos momentos en los que sólo se conoce a aquéllos que vienen del mismo lugar y la gente nueva inunda el paisaje. Algunos se muestran mucho más amables y sociables de lo que realmente son, otros elevamos la hostilidad a niveles que nos molestan a nosotros mismos. En estos tiempos se escuchan pláticas sobre las clases, el “Oye, güe, es que yo estudio eco, güe” y algunos pretenciosos hablamos de todo lo que leímos en el verano.


     Como casi siempre, al mencionar libros favoritos hablo de Donatien. Lo había leído un par de años antes en una editorial que debería ser cerrada por secuestro, mutilación y acoso a la literatura y a la filosofía: Grupo Editorial Tomo (los del metro). Mientras trataba de describir los textos de Alphonse, sin detallar cómo cada veinte páginas se quema incienso en el altar de Venus, soy interrumpido para interrogarme si había conocido a Bukowski. Me intrigó tal “escritor”, pues poco tiempo antes otro “ser ahí” me lo había recomendado.


     Decidí un día después de la escuela ir a una librería. Al llegar me preguntan qué es lo que busco y contesto “Vine al Sótano porque me dijeron que acá vendían a un escritor, un tal Charles Bukowski”. Llego y compro “El hijo de Satanás”, una pequeña colección de cuentos cortos. En la contraportada se puede leer “Charles Bukowksi ofrece la llave para abrir las secretas puertas del infierno”. Comienzo con el texto esperando encontrar lo prometido y algún tipo de justificación para ello. Hay cuentos realmente divertidos, pero nada más. No hay sofismas o razonamientos que aclaren la conducta de los personajes.


     Aproximadamente año y medio después, mientras decidía qué comprar para pasar las vacaciones pensé que sería buena idea darle una segunda oportunidad a Charles. Además, un año antes había descubierto que en Navidad Sartre y Kropotkin resultan un poquito abrumadores. Entonces, esta vez había escogido a Kropotkin y a Bukowski. Mientras buscaba la “La Historia de la Revolución Francesa” de mi amigo anarquista encontré entre los libros de Cátedra al buen Donatien. Evidentemente, adquirí a Alphonse en lugar de Bukowski, a pesar de haber leído ya el libro. Desgraciadamente no tengo conmigo la edición del metro para que puedan apreciar el abismo entre la primera que adquirí y la última que leí. 


     Donatien Alphonse François de Sade es un escritor que va mucho más allá de las explosiones de amor y demás fluidos corporales. Es más que un libertino prosaico cuyas torturas son tan impactantes que han dado origen a una nueva palabra (como es obvia no la diré). En “Justine”, Sade presenta a una joven cuya virtud es sólo comparable con su belleza, quien va contando los sufrimientos causados por su amor a Cristo y a su palabra. Superficialmente se podría decir que Justine es una especie de versión porno del “Lazarillo de Tormes”.


     Donatien dirige el texto a una amante suya, Marie-Constance Renelle, y en la dedicatoria Sade establece el objetivo de su novela (“aunque no tan novela como se podría llegar a creer”) :


En una palabra: arriesgarse a describir las escenas más atrevidas y las situaciones más extraoridnarias, a exponer las afirmaciones más aterradoras y a dar las pinceladas más enérgicas, con la única intención de obtener de todo ello una de las más sublimes lecciones de moral que se hayan ofrecido al hombre, era -y todo el mundo estará de acuerdo conmigo- llegar al objetivo por una ruta poco frecuentada.

 

     Sade quiere enseñar la virtud mostrando al vicio de la forma más repugnante que se pudiera imaginar “…jamás pintaré al crimen con otros colores que los del infierno. Quiero que lo vean desnudo, que lo detesten…” (Idée sur les Romans). La novela, sin embargo, parece a veces una hermosa apología del vicio desarrollada sobre una prosa divertida y envidiable que es adornada con los más graciosos y creativos eufemismos. Pero, como más adelante diré, el sistema en el que se basa es, en su mayoría, un conjunto de sofismas, cumpliendo así Donatien con su objetivo. El anticlericalismo, por otra parte, es una gran crítica a la religión y sus representantes; además, se deben recordar los revolucionarios tiempos en los que Sade hizo su obra.

Posted by exapetatero at 18:23:23 | Permalink | Comments (1) »